Seis peregrinos en ensalada
François Rabelais
Enviado el 5 de septiembre de 2026
Seis peregrinos que venían de San Sebastián, para albergarse aquella noche, por miedo a los enemigos, se ocultaron en la granja, entre las coles y las lechugas. Gargantúa se hallaba un poco irritado y preguntó si podrían traerle unas lechugas para hacer ensalada. Sabiendo que allí las había mucho más hermosas que en todo el país, porque eran grandes como ciruelos y nogueras, quiso ir él mismo a buscarlas. Trajo en las manos las que mejor le parecieron, y con ellas a los peregrinos, que ocultos entre sus hojas, tenían tanto miedo, que no se atrevían ni a toser ni a hablar. Al lavarlas primero en la fuente, los peregrinos se dijeron en voz baja: “¿Qué es esto? ¡Parece que nadamos entre estas lechugas! ¿Quieren que llamemos? Pero si gritamos, nos matarán como a espías”.
Como acordaron callar, Gargantúa los echó con las lechugas en una cazuela. Con aceite, vinagre y sal se los comió para refrescarse antes de la cena. Ya se había engullido cinco, y el sexto estaba oculto tras de una hoja, asomando solamente su bordón. “Me parece que hay ahí un cuerno de limaco; no te lo comas”, dijo el padre de Gargantúa. “¿Por qué?”, repuso este, “todo es bueno”. Y cargando con todo, hasta con el bordón, se comió lindamente al peregrino.
Bebió un larguísimo trago de vino seco para que le abriera el apetito. Los peregrinos se tendieron bajo las encías lo mejor que pudieron, y pensaron que los habían encerrado en algún sótano. Cuando Gargantúa bebió el gran trago, procuraron nadar en su boca, porque el torrente de vino los arrastraba, y saltando con sus bordones, se pusieron en salvo metiéndose entre sus dientes; pero, por desgracia, uno de ellos, tanteando el terreno para ver si estaban seguros, golpeó con su palo en el hueco de una muela cariada, hiriéndole el nervio de la mandíbula, con lo que ocasionó a Gargantúa fortísimo dolor y comenzó a gritar rabiosamente. Para buscar algún alivio, se hizo traer su limpiadientes, y escarbándose con el grueso nogal, sacó de su boca a los señores peregrinos. A uno lo atrapó por las piernas, a otro por las espaldas, a otro por la alforja, a otro por la bolsa, a otro por los pies, y al que lo había herido lo agarró por la bragueta; que por cierto le hizo un gran favor, pues le reventó un bubón chancroso que lo martirizaba. Los peregrinos desaparecieron al trote largo y el dolor desapareció.
FIN
Sobre el autor
François Rabelais · 1494–1553 · Francia
François Rabelais (pronunciado /fʀɑ̃ˈswa ʀaˈb(ə)lɛ/; Chinon c. 1483 o 1494 según las fuentes-París, 1553) fue un escritor, pedagogo, médico y humanista francés. Usó también el seudónimo de Alcofribas Nasier, anagrama de François Rabelais (y el de Seraphin Calobarsy, otro anagrama). Publicó su obra principal, Gargantúa y Pantagruel, bajo este nombre en 1532. Es considerado el primer gran prosista francés,y su exuberancia creativa, su vocabulario colorista y amplio y su variedad literaria le han valido un lugar perdurable en la historia de la literatura francesa del siglo XVI. Humanista del Renacimiento francés y estudioso del helenismo, suscitó la oposición tanto del teólogo protestante Juan Calvino como de la jerarquía de la Iglesia católica. Aunque en su época fue más conocido como médico, erudito, diplomático y sacerdote católico, posteriormente se hizo más conocido como escritor satírico por sus representaciones de lo grotesco y por sus personajes exuberantes. Por sus conocimientos que abarcan diversas disciplinas es considerado un polímata.
A la vez eclesiástico y anticlerical, cristiano y librepensador, médico y bon vivant, las múltiples facetas de su personalidad parecen a veces contradictorias. Envuelto en la agitación religiosa y política de la Reforma protestante, Rabelais trató en sus novelas las grandes cuestiones de su tiempo. Las valoraciones de su vida y obra…
Leer más en Wikipedia →
Género: microrrelato · Fuente: ciudadseva · enlace